03 noviembre 2008

LA CARCEL DE MORON ACOGERA EN DICIEMBRE MIL PRESOS AUN EN OBRAS Y SIN SEGURIDAD

En el centro hay todavía trece módulos sin terminar_ La torre que controla la seguridad global está sin recepcionar


De aquí a diciembre la nueva cárcel de Morón de la Frontera tendrá una población reclusa que alcanzará los mil internos, entrando cincuenta nuevos semanales procedentes de otros centros penitenciarios. En un corto futuro acogerá a terroristas etarras e islámicos, además de presos de primer grado, sin contar a fecha de hoy con las medidas de seguridad pertinentes y todavía en obras.
Es la última megacárcel abierta en Andalucía. El centro penitenciario, bautizado Sevilla-2, vendido a la opinión pública como una panacea para aliviar la grave saturación de reclusos que padecen otras prisiones, y presentado como un hito arquitectónico bioclimático integrado en el paisaje para favorecer la reinserción, se revela hoy por hoy como un recinto en el que la seguridad brilla por su ausencia, en el que la gran mayoría de módulos están aún en obras y en el que, tanto funcionarios como presos se ven invadidos por el malestar y el descontento ante unas instalaciones e infraestructuras que no funcionan y que ponen en peligro el equilibrio que debería reinar en una reclusión.
La cárcel de Morón fue inaugurada a bombo y platillo el pasado 24 de julio por la secretaria general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, acompañada por el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, y del delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón. Los primeros presos, una treintena, comenzaron a llegar en octubre.
Un lujo de cárcel
Las instalaciones, tal y como fueron descritas, provocaron la sorpresa en gran parte de la sociedad por las comodidades que presentaba, con polideportivo, piscina, celdas de dos camas, 41 locutorios, 22 salas de visitas para familiares, otras tantas para vis-a-vis, panadería, cocina (en la que se podrían preparar comidas musulmanas)... y un gran etcétera que venía a intentar demostrar el cambio sustancial en la concepción de una cárcel y que la presentaba casi como un hotel de lujo. Se anunciaba, además, que el centro tenía las últimas innovaciones en materia de seguridad.
Nada más lejos de la realidad, según denuncia el coordinador de CSI-CSIF de las Prisiones de Sevilla, quien narró a ABC, acompañado del delegado de la sección sindical de Sevilla-2, F .C, y del vocal del mismo sindicato, F. A, la situación del centro carcelario.
La primera y más importante denuncia que vocaliza CSI-CSIF es que la máxima seguridad es supuesta, resaltando como dato de vital importancia que la gran torre vigía de 50 metros de altura, cuya función es controlar la cárcel y varios kilómetros a la redonda, está aún sin recepcionar. Es la base de la seguridad de cualquier cárcel moderna. Por otra parte, el sistema informático de control de apertura de puertas no funciona. Así, días atrás, el portón principal de entrada a la cárcel se abrió solo entre las tres y las cuatro de la madrugada y así permaneció durante un periodo de tiempo. También ha sucedido que en una hora y pico tampoco se pudieron cerrar las celdas. Aunque no supone peligro de fuga, sí indica la calidad de las medidas de seguridad de Sevilla-2.
En un centro modelo de control, los funcionarios han tenido que recurrir en varias ocasiones al sistema manual, con llaves o empujando puertas para tener todo en su correcto lugar.
El centro penitenciario, lejos de funcionar, aunque fuera a medio gas, continúa en obras. Sólo están terminados los módulos 1, 2 y 3. El resto hasta dieciséis está en todavía en construcción. Pero éste no es el único problema relacionado con los trabajos de terminación de la cárcel, ya que alrededor de un centenar de albañiles, electricistas y otros trabajadores pululan diariamente sin control alguno por el interior de las instalaciones.
«Una feria»
Según apunta C. E, a este rosario de despropósitos, «que hacen de la cárcel una feria», se une que tampoco funciona el Módulo de Aislamiento, imprescindible en cualquier prisión para controlar posibles actitudes violentas de los internos. Es en este módulo, precisamente, donde ingresan los terroristas y primeros grados, que requieren un régimen especial diario de control. En caso de ser necesario, para estas personas se utiliza el Departamento de Ingresos, «que no es adecuado para ello y que no reúne las condiciones».
Descontento general
En el ámbito de la población reclusa, por ahora unos 250 internos —de segundo grado y preventivos y de perfil poco conflictivo— ha cundido también el descontento. Al margen de que sus traslados desde las cárceles de Almería, Málaga y Huelva no han sido voluntarios, se han topado con el centro no reúne condiciones básicas y faltan servicios, no ya solamente en el interior, ya que todavía no se han habilitado autobuses para el traslado de familiares.
«El teléfono es fundamental para ellos, para hablar con sus familias y con sus abogados, y el caso es que las cabinas no funcionan o funcionan muy mal», recalca el coordinador de Prisiones de Sevilla de CSI-CSIF, quien añade que «el sistema carece de calidad, no hay cocina ni lavandería, y el malestar entre los internos supone otro posible punto de inseguridad».
Como funcionarios de prisiones que son su mayor preocupación es la seguridad en una cárcel en la que actualmente trabajan 200 funcionarios, aunque según la RPT, tendría que haber 620, incluidos en esta cifra los laborales. Por ello, otro handicap es el incremento de la carga de trabajo que sufren los funcionarios de prisiones añadida al mal funcionamiento de los sistemas.
El sindicato CSI-CSIF apunta directamente a la secretaria general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, como culpable de la premura en la apertura de la cárcel de Morón. «La falta de seguridad es total y absoluta debido al manejo político de Gallizo. Ella es la gran culpable de esta situación», dice C. E, que insiste en que «la situación se ve agravada por que a los internos no se les atiende correctamente y saltan la violencia y las agresiones»

noticia publicada en:
abcdesevilla